Hoy iba de camino en el tráfico, escuchando la radio (si bien old school yo), cuando preguntó la locutora, ¿cómo amamos? Muchos empezaron a contestar acerca de sus lenguajes del amor, pero a la reflexión que me llamó la atención, es que obviamente en estos días al acércanos al día cariño, se habla mucho de los detalles, de cenas románticas, de palabras bonitas para las personas que amamos o nos son importantes, pero la duda es, en el día a día, en el tráfico, en el trabajo, en nuestra casa o cuando salimos de una actividad, independientemente de nuestra profesión de fe, o si no la tenemos; ¿cómo nos comportamos con el prójimo?
A mi honestamente me cuesta mucho, es algo en lo que tengo que trabajar bastante, porque tiendo a caer en la tentación de no poder controlar a veces una expresión o mi lengua, aún en círculos cercanos donde me siento segura para hacer algún comentario, luego me siento mal, porque digo puede ser que pude haber medido un poco más la caridad y pues que de hay en el corazón, habla la boca y los pensamientos y si, por mucho de que yo pueda dar amor en formas especiales con mi lenguaje particular, de detalles, tener actos de servicio, palabras de afirmación y yo me siento amada, casi que de la misma manera, pero ¿cómo estoy amando yo a los demás?, eso es lo que realmente me saltó a la reflexión.
Siempre me había considerado una persona “buena” pero no quiero caer en la buenitis. Quiero realmente que mi corazón y con lo que lo voy llenando, se vea reflejado en mis acciones, en mis pensamientos, en mis palabras y es una lucha permanente, un día a la vez.
En serio doy gracias por este tipo de reflexiones y cada aprendizaje, ya qué me siento un poco más centrada después de tenerlas y que poco a poco, voy caminando hacia ese sendero en donde yo me siento satisfecha, tranquila y en paz, porque siento que voy haciendo las cosas con más caridad hacia los demás.

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